domingo, 3 de agosto de 2008

"Perro semihundido" o el Goya adelantado a su tiempo


Decir que Francisco de Goya es el precursor de las nuevas tendencias pictóricas de finales del s.XIX y principios del s.XX no es decir nada nuevo. La parte final de su vida artística, anunciadora de simbolismos e impresionismos, nos revela un Goya encerrado en su "Quinta" y en su sordera. Un Goya de la soledad. Un Goya de las pinturas negras. Sí, esas pinturas negras que tanto nos fascinan por su atrevimiento, temática y modernidad poco tienen que ver con la etapa clásica del pintor. Y siendo un genio en ambos estilos, nos topamos con una obra que, sin embargo, pocos críticos se atreven a comentar, explicar o catalogar.
Allí estaba, desconocida para mí, entre brujas y aquelarres, entre viejos, calaveras, demonios y dioses malvados. Allí estaba esa cabeza de perro semihundido en la arena. Una obra que no conocía, o que sí pude haber conocido en mi infancia pero que no recordaba. Ahí estaba, como el culmen y clímax de mi ensoñación pasajera al visitar el Museo del Prado. En esa sala oscura, acompañando el resto de pinturas negras.
Un cuadro enigmático, que tiene mucho de simbolista y de hiperrealista al mismo tiempo. Una pintura que podría haber sido realizada 80 ó 90 años más tarde. Pero lo curioso es que esta composición fue llevada a cabo a principios del s.XIX, cuando las convenciones realistas establecían férreos cánones plásticos. Por esto y por toda su obra, aprovecho estas líneas para homenajear humildemente al genio Francisco de Goya y Luciente, aragonés de nacimiento pero pintor universal. Va por ti, artista.

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