Hace tiempo que no actualizaba el blog. Demasiado ocupado, quizás. Bien, ahora están aquí las vacaciones y es tiempo de hacer todo y de no hacer nada. De desahogarse, de reír, de llorar, de mirar hacia adelante. De reflexionar también, de mantener los sentimientos controlados, algo que a algunos les podrá parecer difícil, pero que a mí cada día me cuesta menos.
Os contaré una historia.
Un gran lobo, negro y pardo, deambulaba herido por la tundra helada. En una pelea, su pata había sido herida y le costaba trabajo caminar. En la tundra, en esta época del año, tener una pata herida aumentaba las posibilidades de morir de hambre, por lo que nuestro lobo no podía contar con la carne de presas rápidas y ágiles. Más bien había de contentarse con carroñas, si las encontraba, o con algunas raíces y bulbos, de escaso valor nutritivo, encontradas bajo la capa de nieve. Algún roedor se cruzaba de vez en cuando en su camino, pero el dolor en su pata delantera era tan fuerte al servirse de ella que no podía dar más de tres pasos en carrera...
(continuará. os la contaría entera ahora mismo pero dejarla incompleta me sirve para recordar que he de acceder al blog de vez en cuando)
miércoles, 1 de julio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)