domingo, 29 de junio de 2008

Fiebre de Eurocopa

Hay que abstraerse de las convicciones primarias de uno mismo y del resto de los ciudadanos para darse cuenta del poder del fútbol como instrumento de convocatoria de masas. Unas masas que, como en el tiempo de los romanos, se contentan con tener para comer y con espectáculos básicos que les alegren el día a día.
A mí me gusta el fútbol, y en cuanto juega alguno de mis equipos prefiero que gane; sin embargo, intento no dejarme arrastrar por el fanatismo sinsentido que domina las mentes de mis semejantes. Esos gritos exagerados, esas muestras de nacionalismo barato, esas pintadas y disfraces ridículos y absurdos... no van conmigo.
Y no van conmigo porque son el enemigo de la reflexión, de la lucidez, y de la calma. Y son el amigo del conformismo y la pobreza de espíritu.
Amigos míos, esta noche, gane o no España la Eurocopa, seguiréis pagando más caras la hipoteca, la luz y la gasolina.
Y el Gobierno se seguirá riendo a carcajadas de sus pobres conciudadanos.

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